San Rafael Arcángel - Custodio de Córdoba
Por varios motivos este año no he podido colaborar con la revista anual, por ello estos son los dos escritos que tenía preparados para ella, espero que sea de vuestro agrado.
LA MASCARILLA AZUL
En la cuidad del norte de Andalucía donde, en un tiempo pretérito, el Padre Celestial asignó a un Arcángel como Custodio, Guardián y Guía. Ahora en el siglo XXI estando el mundo sumergido en abrasadora pandemia, en una noche de de fin de semana, o como ahora se suele decir: -finde- un grupo de amigos se citaron, por whatsapp, en el centro de la ciudad para celebrar juntos el consabido “Botellón” porque no quieren perder su forma de relacionarse, aunque por las circunstancias que estamos viviendo todos tenemos advertido que no se puede hacer reuniones masivas, para evitar que se vaya incrementando el contagio, pero de la noche a la mañana, en algunos lugares, El Gobierno, había levantado ya el Estado de alarma; y la juventud, en su deseo de divertirse, no se daban cuenta de que la pandemia aún seguía en el mundo y el maldito virus todavía sigue estando entre nosotros; y sin pensárselo dos veces se lanzaron a celebrar lo que en algo más de un año llevaban sin poder hacer. Así en dicha noche, estando ya un nutrido grupo de jóvenes, todos muy animados en su charla, botella en mano y sin las consabidas mascarillas puestas, vieron acercarse a una figura portando una bolsa azul de considerable tamaño. Todos miraron extrañados porque su indumentaria no era acorde con la moda actual, cuando ya estuvo a una distancia prudencial se paró y pausadamente abrió la citada bolsa y comenzó a sacar pequeños paquetes de ella y alargando su mano dijo con voz serena: -“Tomad, por favor poneros esto que os doy y guardad las distancias, no acercaros tanto los unos a los otros”. Nadie se atrevía a coger lo que el extraño personaje les ofrecía, solamente se acercó un joven de los que estaban en el centro del grupo y tomo el pequeño paquete, que al abrirlo, enarbolando lo que había sacado de éste gritó: -“¡Mirad, es una mascarilla! Todos, al escuchar lo que dijo su amigo corearon, también en voz en grito y en tono burlón. ¡¡¡No queremos nada de eso guárdeselo!!! ¡¡¡Nadie nos tiene que decir lo que tenemos que hacer!!! Y sin dejar de vociferar se volvieron de espaldas para continuar enfrascados en su tan deseada diversión. En tanto el joven que sí cogió la mascarilla se acercó un poco más al que se la dio, al tiempo que le preguntaba: -“¿Quién es Vd.? Que parece venido de otro planeta, llévese sus mascarillas porque si no se ha enterado ya se ha levantado el Estado de Alarma. –“Sí me he enterado de lo del Estado de Alarma, pero vosotros tenéis que enteraros que la Pandemia aún no ha sido erradicada y por favor tú que sí has cogido la mascarilla que te he dado póntela”. El joven se puso la mascarilla que era del mismo color de la bolsa que el extraño personaje portaba, azul cielo, al ponérsela notó una sensación de bienestar y no tuvo por menos que acercarse de nuevo a su grupo y decirles la sensación que se notaba al ponerse esa mascarilla azul, unos cuantos accedieron y se las pusieron y todos notaron la misma sensación de bienestar y al momento se quedaron alrededor de su amigo y del insólito personaje escuchando la conversación que mantenían entre los dos, cuando el joven no tuvo por menos que preguntar: -“¿Y de qué material está hecha esta mascarilla, que al ponérmela he tenido una gran sensación de paz?” A lo que el personaje, mientras doblaba la bolsa para guardarla, contestó: -“Está hecha de Amor y de oración, Amor de la Divina Providencia y oración de las madres y en especial de las abuelas a las que escucho todos los días rezar por vosotros sus hijos, sus nietos, por toda la familia para que no os contagiéis con el desdichado virus y para que se extinga de una vez por todas esta Pandemia”.
“¿Y Vd. conoce a todas esas madres y abuelas que me está diciendo?”. Volvió a preguntar el joven mientras los demás escuchaban.
-“En verdad, yo sé de ellas como ellas saben de mi”.
-“¿Pero Vd. viven en Córdoba?”
-“Digamos que desde hace siglos mi morada está afincada aquí “.
Los jóvenes, que hasta ahora habían estado callados esbozaron una sonrisa y algunos dijeron: -“¡Que exagerado decir desde siglos!, ahora nos damos cuenta que es Vd. cordobés”. –“¿Y en qué trabaja Vd.?” – preguntó otro de los jóvenes.
-“Mi trabajo, consiste en ayudar a los demás, pero si yo trato de ayudar, proteger, guiar etc. y no me dejáis, como ha pasado hace un momento con vosotros, difícil es que pueda ayudaros. Bueno, que os parece, ahora que me estáis prestando atención nos vamos todos ya para nuestros respectivos lugares, vosotros para vuestras casas que es donde por ahora estáis más seguros y yo en mi puesto de guardián”.
Todos, sin mediar más palabras, acatando lo que el nuevo amigo les había dicho, emprendieron su camino de regreso a casa; y nuestro personaje se mantuvo caminando al lado del primer joven que lo escuchó y éste le preguntó:
-“¿Por qué me acompaña?”.
-“Porque voy por el mismo camino que tú, ya que tengo mi puesto de vigía muy cerca de tu barrio”.
-“Sí, el Campo de la Verdad ¿Y cómo sabe también que ese es mi barrio?”.
-“Lo mismo que sé otras cosas de todos vosotros”.
-“Bueno pues sigamos caminando juntos, así podemos hablar y conocernos mejor”. Exclamó el joven muy entusiasmado, y prosiguió preguntando:
-“¿Cuál es su nombre?”.
-“Te diré que tú eres tocayo mío”.
-“¡Ah! Rafael ¿Y cómo es que sabe mi nombre?”.
-“Otra vez me estás apremiando con tus preguntas y sólo te puedo decir que ahora cuando llegues a tu casa les preguntes a tu madre, a tu abuela y a los hombres de tu familia, qué a quién les piden ellos en oración, además de otras cosas, que se pase pronto esta Pandemia, para bien del mundo y para que sus hijos, nietos y demás familia no enfermen de este virus maléfico, ellos te dirán quien soy”.
Tan entusiasmados iban los dos en su conversación que cuando se dieron cuenta estaban a la altura del Triunfo en dirección al Puente Romano, al llegar a mediados de dicho Puente el extraño personaje se paró en seco y dijo:
-“Muchacho yo me quedo aquí, tú sigue tu camino y no pares hasta llegar a tu casa; y por favor cuando vuelvas a hablar con tus amigos diles de mi parte que os arméis de paciencia porque aún tenéis una vida por delante y pronto llegará el día que se acabe esta tragedia, que hagáis caso de los consejos de vuestros mayores y de los que trabajan en Centros Sanitarios, quiero también decirte que aunque ya no vuelvas a verme, sé que notarás, las veces que te haga falta, mi presencia porque yo seguiré cuidando de ti, de los tuyos y de todos los cordobeses”.
El muchacho, tras agradecer las palabras de aliento de su nuevo amigo se despidió de él y no había dado dos pasos cuando notó como se iluminó la parte del Puente por donde caminaba y al volver la vista hacia detrás suya vio como la figura de éste se iluminó y elevándose se fundió con la Imagen impertérrita del Arcángel que hay en el citado Puente con tal fuerza que al instante se apagaron las velas que hay al pie ésta. El joven tras presenciar tan luminoso acto se quedó atónito. Al llegar a su casa y contar lo ocurrido sus familiares se santiguaron y la abuela se acercó a él diciéndole: -“Ya tranquilamente te contaré quien es ese extraño ser, como tú dices, porqué y para qué está en Córdoba, ahora sólo te diré que es un ser alado, celestial”.
A la mañana siguiente por medio de mensajes de whatsapp se saludaron los amigos cuya celebración ahora era que estaban bien de salud.
MEDICINA CELESTIAL
Muchos son ya los años que, con agrado y por devoción, llevo colaborando en esta insigne revista literaria “Arcángel San Rafael CUSTODIO DE CÓRDOBA”, concretamente desde que fuera su director: Don Manuel Pérez de la Lastra y Villaseñor hasta ahora con el que es: Don Enrique Sánchez Campos, sin fallar ninguno, incluso en el 2019, en el que, por culpa de una caída, comencé a padecer problemas de espalda que no me permitían andar, estar mucho rato sentada y mucho menos escribir, haciendo un enorme esfuerzo colaboré con un poema que, por aquel entonces, yo pensé que sería el último que iba a escribir, tanto era así que lo titulé “El último poema” y es que desde este mismo tiempo los médicos me vienen diciendo que no se explican cómo me mantengo en pie y mi contestación siempre es la misma: que si me mantengo así es por mi fuerza de voluntad y gracias a nuestro Custodio San Rafael al que siempre le suplico por medio de mi oración que, como él es Medicina Celestial, me ayude a mantenerme en pie y, en verdad lo digo que con la fe que le profeso noto en mi dolorida espalda su celestial ayuda y en algo supero con humildad este malestar que me ha tocado padecer. Del mismo modo que yo, mi familia siente un verdadero fervor por San Rafael dado que, cuando en situaciones difíciles, siempre que hemos recurrido a él nos hemos sentido cobijados bajo su amparo, habiendo percibido en nosotros pequeños-grandes milagros, como también me consta que a la mayoría de los cordobeses les pasa con nuestro Custodio por referencias que tengo de ellos. Por este motivo tengo a bien, como otras veces lo he hecho en otros medios literarios; y en esta misma revista diversos escritos, poesías incluso otros acrósticos, dedicarle el siguiente acróstico que aquí le dedico:
No dejemos de rezar a nuestro Custodio porque siempre encontraremos el consuelo deseado al ser él Medicina Celestial; y en estos tiempos de Pandemia necesitamos más su amparo. Alabado sea por siempre nuestro Guardián y Guía: Arcángel San Rafael.
A NUESTRO CUSTODIO
Siempre está atento
A las súplicas de los cordobeses
Nunca niega su ayuda
Razón por la que día a día
Ante su imagen
Fielmente se verá rezando
A los devotos
En máximo recogimiento
Loando a nuestro Arcángel prodigioso.
Rafaela Sánchez Cano
